Homenaje a Don Eduardo

EMOTIVO HOMENAJE EN CERRALBO A QUIEN FUERA SU MAESTRO DON EDUARDO MARTÍN GONZÁLEZ.

Como dice el refrán, “es de bien nacido el ser agradecido”, por ello, el día 9 de agosto, a las 10:30, el pueblo de Cerralbo se reunió en las antiguas escuelas – hoy día convertidas en Centro de Mayores -, para  rendir un emotivo homenaje, a la memoria del que fuera su maestro entre los años 1967 y 1979, don Eduardo Martín González.
Acompañados por  sus hijos Ignacio y Marta, así como de su nuera Ana Belén, se recordó con cariño y admiración  la figura del maestro, de quien se destacó su dedicación a la docencia dentro y fuera de las aulas; la formación de un grupo de Misión Rescate que recuperó e inventarió restos prehistóricos y  romanos que pueden visitarse en el museo de Lumbrales. Se agradeció, igualmente, la transmisión de valores como la honestidad, el entusiasmo, el amor por la naturaleza, la sencillez y el buen hacer del homenajeado.
Como maestra de ceremonias dirigió el acto Silvia Herrero, profesora de educación infantil, quien elogió la docencia; la niña Inés Liqui Juan Martín leyó un poema de García Lorca; el adolescente Mario Alfageme Santolino escogió uno de Jorge Horacio Richino ; Amparo Santolino, de Antonio Machado y Cándida Sánchez, de Teresa de Calcuta.
Esmeralda Sánchez leyó un texto de agradecimiento al profesor y al amigo, con quien mantenía interesantes conversaciones de arqueología, historia y vida.
Silvia Herrero cerró el acto con un bello poema de Gabriel Celaya.
Seguidamente, en el cementerio de Lumbrales, don Andrés y don Martín,  párrocos de la zona, rezaron un responso. Su viuda, Filo, y su nieto Hugo, se unieron al grupo.
Finalmente, parte de la comitiva recorrió el Castro de las Merchanas, que nadie como él sabía mostrar y que en varias ocasiones se prestó a ser un entusiasta guía.
Mañana intensa en emociones. ” Era una deuda que teníamos con él” señala una de las participantes, a la vez que invita a los pueblos de el Abadengo, fundamentalmente a Lumbrales, “organice un acto donde se refleje la gratitud debida a este maestro que se desvivió tanto por la zona”.
Sit tibi terra levis. Que su alma descanse en paz, arropada por el vuelo de las cigüeñas y el silencio de las estrellas, en la tierra que tanto amó.
Que así  sea.

 

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